Hechizo de Luna II parte (continua)
-“Voy a recorrer cada centímetro de tu cuerpo con mi lengua, lentamente…como un sediento peregrino en busca de un oasis…”- la amenacé tierna y lujuriosamente, con la ilusa intención de intimidarla y que desistiera de su cruel y dulce juego, o tal vez fue una tonta idea de hacer que perdiera la cabeza como yo lo hacia , y se arrojara a mis brazos para que la punta de mis dedos dibujaran en su cuerpo todas las figuras imaginables, ya que estaba convertido en un mero espectador de lujo, deseoso y temeroso de cambiar mi posición a alguna mas dominante, mas de acuerdo a lo que estaba acostumbrado en mi vida. Pero no cambió en nada su actitud desafiante, dominando la situación como desde el principio. Como si deseara ver los limites de mi cordura y mi deseo, poniéndome a prueba. Como los dioses testean la fe de sus siervos, mi devoción era puesta en tela de juicio, como si no alcanzara con el dulce dolor de su ausencia en mi vida.
Ella era siempre esquiva a mi persona, no recordaba en esos momentos cuando había sido la ultima vez que fue mía, pero en esos instantes mi mente no estaba ni clara ni mucho menos con intensiones de salir de su privilegiado letargo, seguramente se había ido con mis delirios y anhelos a lo mas profundo del estado alfa. Solo el ardiente deseo de su respuesta a cada epíteto que le había dedicado en esas noches de otoño, donde la soledad hacia mella en mi melancolía, y su ausencia era mi única compañera.
No podía creer que estuviera aquí, a mi alcance, fuera la primera o la última vez, no importaba. Ebrio de pasión rompí el maleficio o hechizo que me mantenía pegado a las sedosas y doradas sábanas, alcé mis brazos lentamente extendiéndolos hacia ella como queriendo salvar la distancia, invitándola a que se refugiara en ellos una vez más para yacer en mi pecho, protegida del mundo que olvidábamos en este instante.
-“Ven”- dije casi susurrante-“ven a mi, que yo haré que el firmamento desaparezca para ambos, y el sol renazca en tu vientre y duerman mis labios…”
Ella se aproximó aceptando mi propuesta de amor. Mis latidos aumentaban en la misma proporción que la distancia se reducía, y el aire se hacia tan denso que no podía respirarlo, hundiéndome nuevamente en lo mas oscuro del calor de la noche.
-“Mi valiente caballero, mi indefenso niño, mi dulce poeta, mi apasionado demonio…aquí me tienes para ti…”-dijo con una voz semejante al viento que corre entre los árboles y murmura antiguos conjuros de olvidadas culturas, en idiomas arcanos y paganos- y cerrando sus ojos se dejó caer como si sus fuerzas la hubiesen abandonado, muriendo en el aire para que yo la reviviera entre mis suspiros, entregándose en su caída hacia mi.
La veía caer lentamente, como una muñeca rota, idílica y mágica, y el tiempo se detuvo como mi respiración, congelado solo para nosotros dos, sus cabellos volaban en el viento y caían sobre sus hombros como una cortina de hilos de seda, sus labios se entreabrían, ofreciéndome un beso, mientras casi podía sentir su calor junto al mío, y sus brazos rodeaban mi cuello. Y nos besábamos. Y la besaba como jamás la habían besado. Este era el momento que había esperado, no sé desde cuándo, pero el sabor de sus labios ya era ajeno a mí, y mi vida se iba entre mis ojos, agonizando por uno solo de sus soñados ósculos, por una sola de sus caricias.
Ella aun caía...sí…ya casi podía tocarla. Extendí mis manos para atajar su cuerpo y así atraparla entre mis brazos para que nunca se escapara de ellos. Sólo unos centímetros nos separaban, unas eternas milésimas de segundo nos separaban.
Cuando mis dedos rozaron su cintura, pude sentir miles de estrellas eclipsadas en mi corazón, y el universo estalló en mi interior. Todo cobró sentido en ese instante, era como beber del Leteo la dulce ambrosia, panacea de mi alma cansada y herida. Fue en ese instante que me di cuenta de que Dios existe… y yo lo era....(continuara)
Que este Post vaya dedicado a Gabu, intentado recordar, acazo un mero intento de emular esa sensualidad que ella respira y emana, para plasmarla en sus poesias...